miércoles, 7 de noviembre de 2012

La Puntualidad: Un Asunto de Palabra

Por Curtis C. Thomas*

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filipenses 2:3–4).

Los cristianos deben ser personas consideradas. Siempre debemos estar estar interesados en los intereses de los demás, no sólo en los nuestros. Sin embargo, muchos creyentes no practican esto cuando llegan habitualmente tarde a los servicios de la iglesia, a las clases,  a la labor del cuido de niños y otras obligaciones de los miembros, y cuando entregan tarde sus asignaciones y tareas.
Cuando una persona se compromete con una iglesia se está comprometiendo a asistir a los servicios. Sabe a qué hora inician los servicios. Por implicación está diciendo que él estará allí presente en las reuniones de la iglesia (¡no sólo en los últimos cuarenta y cinco minutos!). Cuando dice, por ejemplo, que va a enseñar una clase para niños a las 9:30 am, está diciendo que estará ahí en ese momento (o preferiblemente antes) y no que se rezagará cinco o diez minutos, mostrándose inconsiderado hacia los demás.
Sin embargo, tristemente debemos decir que hay miembros que llegan habitualmente tarde a casi todas las actividades o responsabilidades. He escuchado casi todas las excusas imaginables. En algunos casos pueden haber sido legítimas, pero a menudo las excusas son muy ligeras, y a veces no tienen fundamento alguno.
Las coartadas que probablemente más se utilizan son "los niños" o "se le hizo tarde a mi esposa". En muchas de estas situaciones la verdadera razón es que el padre, que está supuesto a ser el líder espiritual y quien guía a la familia (primariamente con su ejemplo) es igualmente culpable. En muchos casos el padre no tiende una mano de ayuda a la madre que trata de ocuparse de todos los quehaceres del domingo en la mañana. Tiene que cocinar el desayuno, levantar a los niños, asegurarse de que estén vestidos, alimentados y que tengan sus Biblias y materiales de escuela dominical. El esposo con frecuencia se sienta a leer la página deportiva de los domingos sin ayudar a su agobiada esposa. Ahora se da cuenta de que están tarde y, camino a la iglesia, les señala que ellos siempre están tarde.
El escenario planteado arriba no ocurre en todos los hogares cristianos, pero en mi experiencia aconsejando familias, ocurre con demasiada frecuencia.
Pensemos por un momento en el daño que causan los miembros de la iglesia que llegan habitualmente tarde.

  • Crea una atmósfera negativa los domingos para toda la familia, pues causa que uno o más adultos griten frenéticamente al otro para que se aliste y entra al carro.
  • A menudo la familia llega a la adoración con ira sin resolver entre ellos (que no es la manera de venir a la presencia del Señor).
  • Se establece un mal ejemplo frente a la familia. Con frecuencia los niños siguen el mismo patrón de sus padres.
  • Aquellos que persisten en llegar tarde pueden afectar a aquellos que planificaron los servicios o que están impartiendo las clases. A menudo se interrumpe la línea de pensamiento que llevaban o la forma en que conducían el servicio.
  • Al llegar tarde, son una distracción para los demás tanto en las clases como en la congregación.
  • Cuando uno llega tarde suele perder un ingrediente importante que le pudo haber ayudado en su entendimiento o en su andar cristiano.
¿Cómo puede uno romper con semejante patrón de tardanza habitual? En primer lugar, debemos reconocer que la tardanza repetida es una falta de consideración hacia los demás. En segundo lugar, debe iniciar un patrón de llegar temprano, no sólo a tiempo. Al hacerlo así, el llegar tarde a causa de retrasos menores quedaría eliminado. Si has dejado la mayor parte de la preparación en manos de tu cónyuge, toma una parte justa de las responsabilidades sobre ti mismo. Y finalmente, piensa con respecto a la puntualidad como una manera de dar un buen ejemplo que los demás pueden seguir.

Aplicación:
  1. ¿Estás a tiempo (o temprano) para las actividades de la iglesia?
  2. ¿Qué pasos específicos puedes dar para asegurar que tu familia cumpla con su obligación de estar a tiempo?
  3. ¿Cómo puedes ayudar a tu cónyuge los domingos en la mañana para que la familia llegue a la iglesia a tiempo?
  4. ¿Estás enseñando a tus hijos la importancia de cumplir con sus demás compromisos a tiempo?
Meditación: Piensa en oración sobre el significado e implicaciones de 1 Corintios 14:33.

*Este material fue tomado del libro "Life in the Body of Christ" del autor Curtis Thomas, y ha sido traducido y reproducido aquí con permiso de la casa publicadora.


1 comentario:

Josue Zaragoza dijo...

Exelente punto puesto que en mi experiencia tanto cuando era peq