viernes, 11 de mayo de 2012

Cinco razones por las cuales los cristianos deberían continuar oponiéndose al matrimonio homosexual

por Kevin DeYoung
Ayer, para sorpresa de nadie, el Presidente Obama reveló en una entrevista que luego de cierta “evolución”, él “concluyó que para mí personalmente es importante continuar adelante y afirmar que pienso que las parejas del mismo sexo deberían ser capaces de casarse.” Esto sucedió después que el Vice-Presidente saliera con fuerza a favor del matrimonio homosexual. No fue casualidad que el New York Times publicara un artículo el martes (un día electoral con una enmienda acerca del matrimonio en una boleta) acerca de cuán populares y no controversiales se habían convertido los personajes homosexuales de la televisión. En otras palabras, todo el mundo ha crecido, ¿por qué no lo haces tú también? Pareciera como si todo el mundo un tiempo “gay” (divertido), y que únicamente los cristianos conservadores se rehúsan asistir a la fiesta.
Desde luego, la tentación para los cristianos es a quedarse callados y a abandonar la batalla por el matrimonio: “No vale la pena quedarse en esta batalla”, pensamos dentro de nosotros mismos. “No tenemos que cambiar nuestra posición personal. Nos mantendremos hablando la verdad y sosteniendo la Biblia en nuestras iglesias, pero sobrecogernos con respecto al matrimonio homosexual en el foro público es contra productivo. Es una pérdida de tiempo. Nos deja mal parados. Arruina nuestro testimonio. Y ya perdimos. Es tiempo de arrojar la toalla.” Entiendo la tentación. Es un camino más fácil. Pero no creo que sea el camino correcto, el que da gloria a Dios, el camino del amor.
He aquí cinco razones por las cuales los cristianos deberían continuar oponiéndose de manera pública y llena de gracia a que se entregue el término y la institución del matrimonio a las parejas del mismo sexo:
1. Cada vez que el tema del matrimonio homosexual ha sido sometido al voto del pueblo, el pueblo ha votado a favor de sostener el matrimonio tradicional. Aun en California. De hecho, la enmienda pasó el martes en Carolina del Norte con un margen más amplio (61-39) que una medida similar que pasó hace seis años atrás en Virginia (57-42). La enmienda pasó en Carolina del Norte, un estado oscilante en el que Obama ganó en 2008 por 22 puntos porcentuales. No deberíamos asumir que el matrimonio homosexual en todo el país es un asunto ya concluso. Hasta la fecha, 30 estados han definido constitucionalmente el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer.
2. La promoción y el reconocimiento legal de las uniones homosexuales no es conforme a los intereses del bien común. Esto puede parecer ignorancia, sino prejuicio. Pero debemos decirlo en amor: codificar la indistinción de los géneros no contribuirá con la “paz de la ciudad”. Va en contra de todo el orden establecido del universo, y cuando vas en contra del diseño divino sufrirás las consecuencias. O lo que es peor, la sociedad que dice que cada quien puede tener su propia definición de sexo y que la unidad familiar es perecedera no es una sociedad que haga un servicio a sus niños, sus mujeres, ni al término en sí mismo.
3. El matrimonio no es sencillamente el término que usamos para describir las relaciones personales que nos son más valiosas. La palabra significa algo y ha significado algo a lo largo de la historia. El matrimonio es más que una unión de corazones y mentes. Involucra la unión de los cuerpos—y no cuerpos en el sentido que nos plazca, como si el hacer una obra con los oídos de un primo les haga estar casados. El matrimonio, para citar a un grupo de eruditos, es “una unión comprehensiva de dos personas sexualmente complementarias que sellan (consuman o completan) su relación por el acto generativo—por el tipo de actividad que por naturaleza resulta en la concepción de un niño. De manera que el matrimonio en sí mismo está orientado a y resulta en la concepción, crianza y educación de los niños.” Este punto de vista conyugal del matrimonio establece con lenguaje humano complejo lo que hubiera sido un truismo hasta hace solamente un par de generaciones atrás. El matrimonio es de donde los niños pueden venir. Cuando ese elemento no está presente (a nivel de puro diseño y funcionamiento, aunque no siempre tenga cumplimiento), el matrimonio no es una realidad. No podemos conceder que el “matrimonio homosexual” sea realmente un matrimonio. Lo que es más aún, como cristianos entendemos que el gran misterio del matrimonio nunca podría captarse en una relación entre Cristo y Cristo, o entre iglesia e iglesia.
4. Permitir la legalización del matrimonio homosexual constituye en normal lo que hasta muy recientemente era considerado (y todavía debería ser considerado) una conducta desviada. Aunque es cierto que la política va según la corriente de la cultura, también es cierto que la ley es uno de los tributarios que contribuyen con la cultura. En nuestra era de híper-tolerancia tratamos de evitar los estigmas, pero los estigmas puede ser una expresión de gracia común. Quién sabe de cuántas cosas pecaminosas estúpidas he sido guardado de caer porque sabía que para mis compañeros y mi comunidad serían consideradas vergonzosas. Puede que nuestras élites culturales nunca consideren la homosexualidad como algo vergonzoso, pero las enmiendas que definen el matrimonio como la relación entre un hombre y una mujer sirven a una causa noble al definir  lo que es como lo que debería ser. No nos ayudamos los unos a los otros en la pelea por la santidad cuando permitimos que la justicia parezca cada vez más extraña y que el pecado parezca cada vez más normal.
5. Seríamos ingenuos si pensáramos que un arreglo liberal sería algo que todos disfrutaríamos si tan sólo los cristianos conservadores dejaran de ser tan dogmáticos. El paso siguiente a nosotros abandonar la batalla a favor del matrimonio no es un milenio feliz para todos los que están haciendo el matrimonio a su propio modo. El siguiente paso luego de la rendición es la conquista. No estoy sugiriendo que los heterosexuales no serán ya capaces de casarse. Lo que estoy sugiriendo es que la presión cultural no se detendrá con sólo permitir que algunos “matrimonios” sean homosexuales. Seguirá creciendo hasta que todos acepten y finalmente celebren que la homosexualidad es uno de los grandes dones de la Diversidad. La meta no es tener diversas expresiones de matrimonio, sino la eliminación de las definiciones. Capitular con respecto al matrimonio homosexual puede sentirse como ceder una pulgada de ley mala para ganar una milla de buena voluntad. Pero la realidad será muy diferente. Porque como en todos los negocios del diablo, la buena voluntad no dura ni por asomo lo que dura la ley.
Este artículo apareció posteado en el blog de Kevin DeYoung y fue traducido y publicado aquí con el debido permiso de su autor.
Traducción: Salvador Gómez Dickson