jueves, 22 de diciembre de 2011

COMBATIENDO CONTRA EL ENEMIGO INVISIBLE — I


por Jerry Bridges

Hay un capítulo en la historia de la nación de Israel que creo ilustra gráficamente el modo en el que nosotros los cristianos tendemos a operar.

2 Reyes 3 registra el relato de Joram, el rey de Israel, cuando éste salió a la batalla contra el rey de Moab. Joram no buscó ni la ayuda ni la guía de Dios para el combate; simplemente tomó la decisión y luego obtuvo la alianza de su antiguo compatriota, Josafat (rey de Judá). Josafat tampoco oró. Después de unirse al rey de Edom, descendieron a la batalla.

En el v. 9 encontramos que enfrentaron un problema con las provisiones: se quedaron sin agua en  medio del desierto. De repente querían la ayuda de Dios, y sólo entonces comenzaron a orar (su método de oración era buscar al profeta). Su necesidad era el foco de su oración.

El agua para sus hombres y bestias era un detalle muy importante para estos reyes. Pero ellos no estaban en el desierto para beber agua: iban a librar una batalla. Note cómo Dios respondió cuando habló por medio del profeta Eliseo: “No veréis viento, ni veréis lluvia; pero este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias y vuestros ganados. Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová; entregará también a los moabitas en vuestras manos” (vv. 17-18). Dios no había olvidado el objetivo: ganar la batalla sobre los moabitas. Los reyes, sin embargo, habían perdido la visión de porqué estaban allí, ya que estaban preocupados con su necesidad inmediata.

EL VERDADERO CAMPO DE BATALLA

Como cristianos, nuestras vidas de oración tienden a morar en el reino de la escasez de agua. Raras veces obramos en el reino de la verdadera batalla espiritual. Asista a una reunión promedio de oración y le garantizo que el 75 porciento de las peticiones de oración serán necesidades: por ejemplo, el cuello de Jim necesita ser sanado, y espero que estemos orando por ello. Pero nunca parecemos entrar en la batalla. Como le dije a mi clase de escuela dominical: “La única manera por la que puedes lograr que oren por ti en nuestra iglesia es estando en un hospital o sin trabajo.”

Cierto año durante la temporada de Acción de Gracias, viajé al sur de California para hablar en una conferencia de misiones. Mi meta era estimular en medio de estudiantes y personal militar joven el reclutamiento de obreros para la mies. Sin embargo, cuando llegué al aeropuerto de Los Angeles, nadie había ido a recibirme.

Después de deambular por la puerta y por la zona de reclamo de equipajes por unos 45 minutos, llamé al lugar de la conferencia. Nadie respondía. Pensé “bueno, llamaré a mi secretaria—ella sabe encargarse de estas situaciones. Pero cuando llamé por larga distancia a Colorado Springs, ¡nadie contestó tampoco! Entonces recordé que era el viernes después de Acción de Gracias, y que la oficina estaba cerrada. Allí me encontraba yo, atrapado.
Fue entonces que decidí orar: “Señor, si alguien está en el aeropuerto buscándome, ayúdale a encontrarme.” Sin tener mucha fe en que mi oración sería contestada, vi una puerta de salida para tomar un autobús hacia Pasadena. Y saliendo, corrí hacia un rostro familiar entrando. Me estaba buscando.

Esa fue una de las respuestas a la oración más rápidas que jamás haya experimentado. Luego, sin embargo, me pregunté lo siguiente: “¿Oré tan fervientemente por la misión real para la que fui enviado al sur de California, como lo hice para que alguien me encontrara en el aeropuerto?” En ese aeropuerto estaba como Joram y Josafat, varado en el desierto sin agua. Pero la verdadera razón por la cual yo estaba allí, no era para ser recogido en el aeropuerto, sino para formar parte de la labor de reclutar obreros para la mies. Jesús nos dijo que oráramos para que el Señor de la mies envíe obreros. Esa era la verdadera batalla.

Hay tres términos militares que siento ilustran los diferentes tipos de oración: estrategia, táctica y logística. La Estrategia se refiere al objetivo final—derrotar al enemigo—y al plan general o estrategia para ponerlo bajo sumisión. La Táctica significa las batallas específicas necesarias para lograr el objetivo final. La Logística es simplemente suplir las necesidades físicas del ejército que pelea la batalla.

Creo que el 75 o el 80 porciento de nuestras oraciones son para asuntos de la  logística. Para agua en el desierto. Para que alguien nos encuentre en el aeropuerto. Para el enfermo que está en el hospital. Para el que ha perdido su trabajo. Todas estas cosas son importantes y debemos orar por ellas. Pero es por ese tipo de cosas por las que casi exclusivamente oramos.
Diría que de un 15 a un 20 porciento de nuestros esfuerzos de oración son para la táctica, se relacionan con los enfrentamientos específicos con el enemigo—los resultados espirituales de la conferencia en la que iba a hablar, por ejemplo. Pero esa conferencia era sólo una operación específica; el objetivo final era levantar obreros.

Muy poco de nuestros esfuerzos de oración son estrategia o se concentran en nuestro objetivo final—la batalla en la que Dios está realmente interesado. Debemos recordar que cuando oramos, estamos entrando en una batalla espiritual. Estamos librando una batalla con un enemigo derrotado, pero todavía poderoso: Satanás, nuestro enemigo invisible.

Hay cuatro aspectos primarios en este tipo de guerra que son cruciales para nuestro éxito: primero, el entendimiento de nuestro enemigo; segundo, la identificación y aprendizaje del uso de las armas con las cuales pelear contra él; tercero, el entendimiento de la naturaleza de nuestra lucha con él; y cuarto, el enfoque en el objetivo correcto en nuestros intentos de derrotarlo.

[Continuará…..]

Este artículo apareció originalmente en la revista DISCIPLESHIP, y fue publicado con permiso por FUNDAMENTOS.
© Salvador Gómez Dickson, para la edición española.

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