martes, 13 de enero de 2009

Traicionando a Cristo con un Beso — 4

Por Maurice Roberts

[The Banner of Truth Magazine, Dic 1993]

No obstante, aquellos que leen su Biblia cuidadosamente han podido ver que el pecado es un monstruo que está  las puertas del alma humana, procurando continuamente penetrar, que sólo puede ser dominado por aquellos que tienen la gracia (Gén. 4:7). Por tanto, para el cristiano bien instruido, el pecado se muestra con su verdadera naturaleza como “sobremanera pecaminoso” (Rom. 7:13). No ven el pecado únicamente en las vidas de los personajes de la Escritura sino en todos los que viven alrededor de ellos—y principalmente en ellos mismos. Por larga y dolorosa experiencia han llegado a ver que es tan difícil sacudirnos del pecado como lo sería sacudirnos de nuestra sombra. Se levanta con nosotros cada mañana y nos acompaña durante todas las actividades del día, sean seculares o sagradas. Tiene toda una colección de habitaciones bien amuebladas en cada departamento de nuestra vida y cruza rápidamente por cada miembro del cuerpo y por cada facultad de la mente y del alma. No conoce día de reposo y nunca toma vacaciones de verano.

CONT.

lunes, 12 de enero de 2009

Juan Calvino sobre 1 Tes. 5:19-20

“De esta manera abrió Cristo el entendimiento de los discípulos (Luc. 24:27), no para que menospreciando las Escrituras fuesen sabios por sí mismos, sino para que entendiesen las Escrituras. Así mismo san Pablo, cuando exhorta a los tesalonicenses (1 Tes. 5:19-20) a que no apaguen el Espíritu, no los lleva por los aires con vanas especulaciones ajenas a la Palabra de Dios, sino que luego añade que no deben menospreciar las profecías; con lo cual quiere sin duda decir, que la luz del Espíritu se apaga cuando las profecías son menospreciadas.

“¿Qué dirán a esto esos orgullosos y fantaseadores que piensan que la más excelente iluminación es desechar y no  hacer caso de la Palabra de Dios, y, en su lugar, poner por obra con toda seguridad y atrevimiento cuanto han soñado y les ha venido a la fantasía mientras dormían? ... La Palabra es el instrumento con el cual el Señor dispensa a sus fieles la iluminación de su Espíritu. Porque no conocen otro Espíritu que el que habitó en los apóstoles y habló por boca de ellos, por cuya inspiración son atraidos de continua a oír su Palabra.”

[Instituciones, I.9.4]

miércoles, 7 de enero de 2009

Traicionando a Cristo con un Beso — 3

Por Maurice Roberts

[The Banner of Truth Magazine, Dic 1993]

Resulta chocante a aquellos que no estudian la Biblia darse cuenta de cuán seria es la postura que asumen hacia el pecado los predicadores cristianos. Los que apenas comienzan a leer la Escritura y a escuchar sermones evangélicos a menudo se sorprenden al oír que Dios considera que todo pecado es merecedor de su ira y maldición, que Dios castigará con tormentos eternos a quienes cometen pecado de manera impenitente, y que sin el evangelio de Cristo todo pecado es absolutamente imperdonable.

Entre aquellos que profesan fe en el Señor Jesucristo existe una amplia variedad de puntos de vista sobre el tema del pecado y su pecaminosidad. Quizás se podría afirmar que éste es el punto de divergencia entre el viejo y el nuevo evangelicalismo. Hoy día no está de moda tratar el pecado con mucha seriedad. Las razones de esto son muy claras. Muchos cristianos modernos están atrapados por otros intereses, más que por las demandas de la ley y el carácter de Dios. Se tiene interés en el hablar en lenguas, profetizar o la sanidad física. En muchos casos, entonces, los cristianos han asumido una actitud cómoda hacia el pecado. Se le ha dado cabida de varias formas y por tanto se debe condenar con el lenguaje duro y fuerte de antaño.

CONTINUARÁ...

martes, 6 de enero de 2009

Traicionando a Cristo con un Beso — 2

Por Maurice Roberts

[The Banner of Truth Magazine, Dic 1993]

El estudiante serio de la Palabra de Dios a menudo se habrá sorprendido e impactado por la manera en que el pecado exhibe su naturaleza provocadora. Debemos recordar que el pecado no vino a la existencia en el infierno, sino que comenzó su carrera en el cielo, entre los ángeles de Dios, a la vista del Trono eterno y mientras se ofrecían incesantemente alabanzas y acciones de gracias a la sagrada Trinidad. Ningún hombre ha logrado entender jamás cómo se incubó y fue colocado este huevo de cucú en el nido del cielo. Pero sabemos que fue así.

El pecado es aquello que nunca debió haber venido a la existencia. Es la criatura, de entre todas las criaturas, que no tiene a Dios como su Padre. El pecado es criatura de la criatura. Quizás no sea tanto una cosa, sino la ausencia de una cosa. Es la contradicción de la santidad de Dios. Se mofó de su soberanía tan pronto vino a la existencia.

Desde los primeros momentos de su entrada en la creación, el pecado ha amenazado a Dios y no ha cesado desde ese día de retar sus declaraciones y cada uno de sus atributos. Si el pecado pudiera destronar a Dios, lo habría hecho. Le encantaría matarlo y usurpar su lugar como Gobernador y Monarca de toda existencia. Toda la historia no es más que una repetición larga y tediosa del primer intento fútil de desafiar y destronar al Dios vivo. Toda idolatría es un intento evidente de hacer lo mismo. Toda religión corrompida es un intento patente de hacer lo mismo. Toda conducta rebelde y toda actividad impía es una manifestación de la malignidad interna del pecado hacia el ser glorioso de Dios.

CONT.

domingo, 4 de enero de 2009

Traicionando a Cristo con un Beso — 1

Por Maurice Roberts

[The Banner of Truth Magazine, Dic 1993]

Existe una audacia en el pecado que nos deja sin aliento. Es parte intrínseca de la naturaleza del pecado y uno de sus rasgos más centrales y esenciales. El pecado va tan lejos como su atrevimiento. Tiene frente de descaro y no conoce la vergüenza. No pestañea. El pecado es inmodesto, insensible y rudo. Se apresura a entrar donde los ángeles temen pisar. No tiene sentimientos refinados sino que pisotea las sensibilidades de los demás y es intolerante de las opiniones de otros. Es codicioso y llamativo. Peor aún, el pecado es un maestro de la hipocresía. No ama otra cosa que causar el mayor mal bajo la pretensión de hacer bien. En resumen, el pecado nunca está más feliz que cuando concibe y engendra su iniquidad al mismo tiempo que viste un manto de amor y piedad.

CONT.